"Verdor sobreviviente en mis escombros:
en mis ojos te miras y te tocas,
te conoces en mí y en mí te piensas,
en mí duras y en mí te desvaneces.

sábado, 30 de marzo de 2013

Cada quien con su nombre, por su lado



Nos habíamos las vidas entregado
para siempre, uno al otro, eternamente,
y he aquí que ahora nos las devolvemos,
y tú vas a dejarme y yo voy a dejarte,
y pronto partiremos
cada quien con su nombre, por su lado...
Recomenzar... Vagar...
Vivir en otra parte...
Por supuesto, al principio sufriremos.
Pero luego vendrá piadoso olvido,
único amigo fiel que nos perdona;
y habrá otra vez en que tú y yo tornaremos
a ser como hemos sido,
entre todas las otras, dos personas.

Dicen que el amor se termina, yo creo que no, que simplemente se transforma, a veces de manera inexplicable... Tan fácil que sería que el amor se nos acabara un día, nunca más volver a sentir nada por aquel que alguna vez quisimos y dijo querernos... Y cuando pensamos que ese amor ahora sólo es un recuerdo; de repente un par de palabras y unas viejas fotos te llenan los ojos de lágrimas y la mente de dudas, y la incesante pregunta ¿y si? se apodera de tu cabeza, te da vueltas todos los días y te das cuenta que ese amor no se acabó, que sigue ahí, tan vivo y transformado... Pero ahora somos un dulce recuerdo, una triste duda, una promesa incumplida.

Creo que son los días los que me hacen pensarte, estaríamos celebrando nuestro séptimo aniversario, tendríamos un hijo o quizá dos, dos perros y noches interminables de risas por cosas que no tienen sentido... Tú seguramente tendrías gripe y yo seguramente te habría preparado una sopa de elote, porque nosotros sabemos que la sopa de elote cura todo, que el caldo de pollo está sobrevalorado, pero ese es nuestro secreto, nunca se lo compartiremos al mundo.

Estoy tan segura de que si me vieras ahora quizá entre toda la gente me reconocerías, estoy cierta de que si yo te encontrara entre toda la gente no podría detenerme a tu lado, sería demasiado arriesgado ¿y si me detengo? ¿Y si no me quiero ir? ¿Y si tú no te quieres ir? ¿Qué haremos? Por eso es mejor seguir de largo, entre toda la gente pretender que no nos conocemos, que nunca nos amamos, que nunca nos lloramos, que nunca nos juramos que estaríamos juntos hasta que la muerte nos separe.

Ahora yo he aprendido a no hacer promesas de amor eterno, a pretender que no me importa, a no soñar en un futuro compartido. Quizá algún día leas esto y quizá te robe un par de lágrimas -al igual que a mí- pensar en todo lo que nosotros pudimos haber sido o quizá no lo leas nunca, como otras tantas cosas que te he escrito y se han quedado guardadas, porque -sabes bien- que no me gusta exponer mi alma mediante palabras, que no me gusta exponer mi corazón, ni mi razón, que los llevo en una cajita de cristal, en la que también tengo guardados mis recuerdos.

¡Cuánto te amé! Y que poco te agradecí...